Desinformación nubla los programas de Work and Travel

Sep 1, 2008 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Por Paula Alejandra Carrillo
pcarrillo2@unab.edu.co
Si usted ha visto la pel?cula Forrest Gump, ganadora de seis ?scar y a?n no entiende por qu? su protagonista corr?a tanto, debe ir a los Estados Unidos: el tiempo no alcanza para nada. Aunque Gump lo hac?a en un principio para escapar de sus perseguidores, la pel?cula que cuenta la historia ?reciente? del pa?s del norte, muestra tambi?n rasgos del acelerado d?a a d?a de sus habitantes.

La interminable espera de Gump en la parada del bus, que le sirvi? para narrar su vida a la mujer de al lado, no era una simple excusa para articular la pel?cula? el transporte p?blico, dolor de cabeza de colombianos sin carro ni plata para pagar taxi, pasa con poca frecuencia en ciudades peque?as como Harrisburg, Pensilvania.

Acostumbrados a rutas concurridas y constantes como la Igsabelar, los estudiantes universitarios que pasan sus vacaciones trabajando en aqu?l pa?s, deben acomodar su rutina matutina para que encaje perfectamente con el horario del bus.
All? se acaban los ?cinco minuticos? de m?s despu?s de que suena el despertador porque el estr?s de coger el transporte p?blico a tiempo y arribar puntual al trabajo acosa a cualquier reci?n llegado. M?s a?n si se tienen presentes las sanciones para los que llegan tarde, que van desde descontar ese tiempo del sueldo hasta crear puntos negativos en la hoja de vida interna, lo que puede significar un despido. All? se paga por hora trabajada y en cada Estado, se establece un salario m?nimo legal vigente determinado. En Pensilvania, por ejemplo, ?ste se paga a 7,25 d?lares la hora.

La puntualidad lo es todo, nada comparado con Bucaramanga, donde reuniones y conferencias se proponen una hora antes de lo previsto para que los asistentes ?alcancen a llegar?. Por eso, el choque es grande, el coraz?n late r?pido, los nervios se alteran, el estr?s hace de las suyas y el cabello se cae m?s de lo debido.

Si el bus se ve todav?a en el horizonte pero lejos de la parada, no hay ?poder humano? que lo detenga. As? como aqu? los tenderos de barrio emplean sus carteles de ?No insista, no se f?a?, los conductores de bus deber?an pegarlos en sus vidrios para que estudiantes internacionales que no se suban al transporte a tiempo, dejen de correr detr?s de ellos como si les hubieran robado algo.

Carreteras construidas sin andenes, autopistas de tres y cuatro carriles y motores que rompen con la soledad de las avenidas hacen pensar que no hay espacio para los peatones en la jungla de asfalto. Y es que como a las manecillas del reloj parece salirles humo, es extra?a la gente que comienza la jornada laboral sin primero haber manejado su carro.

Tan prioritario ser? el lugar de los veh?culos que para cruzar caminando una v?a, hay que oprimir un bot?n que hace cambiar la luz del sem?foro. A partir de ese momento, el peat?n debe ?volar?, pues s?lo tiene 10 segundos para llegar a la acera de enfrente. En carreteras amplias lograrlo es complicado, por lo que practicar el deporte de Forrest Gump se convierte en requisito obligatorio para sobrevivir en una sociedad donde hasta los segundos se cuantifican.?

Comer y correr, mala combinaci?n
Ni los horarios de oficina son los mismos de Colombia. El t?pico ?8 a 12 y 2 a 6? se derrumba en los Estados Unidos, donde se establecen turnos de 9 a.m. a 4 p.m. o de 11 p.m. a 7 a.m., por citar algunos ejemplos. Todo tipo de combinaciones se establecen porque las compa??as no establecen un horario uniforme para sus empleados.

La diversidad abunda en el pa?s de inmigrantes. ?Pedacitos? de mundo se unen en este lugar ? se ven personas de ascendencia asi?tica, suramericana, africana-, por lo que vivir en Estados Unidos no implica solamente conocer su estilo de vida sino hacerse a la idea del universo de costumbres, idiomas y religiones de un caleidoscopio llamado Tierra.Por eso, se convierte en el ?laboratorio social? donde cobra vigencia la teor?a de evoluci?n de Charles Darwin: el ingenio de cada ?especie? aflora para encaminarse hacia el ?sue?o americano? o en su defecto, sobrevivir.

El proceso de adaptaci?n comienza con los descansos que se intercalan en los turnos de trabajo. Con entre 20 y 45 minutos para almorzar, la hora de la comida se convierte en todo un dilema. Descansar o ?atarugarse?, comer o ?ayunar?, cocinar u optar por la comida r?pida, volverse vegetariano? Pensar con celeridad para tomar cualquier tipo de decisi?n -por peque?a que sea- se vuelve una constante. El reloj asfixia, sobre todo porque en algunas empresas los descansos se descuentan del sueldo y se debe hacer clock in y clock out ? pasar la tarjeta de identificaci?n de empleados por un aparato que lee cintas magn?ticas- para registrar la hora de salida y entrada de nuevo al sitio de trabajo.

Su corta duraci?n obliga a comer en las cafeter?as de empleados. Las vitrinas, llenas de papas, hamburguesas, pizzas y salsas de todo tipo, explican el volumen corporal de algunos norteamericanos, sorprendente para quienes no conocen la obesidad en tales dimensiones.Y es que mientras las porciones de pizza est?n costando un d?lar -que en este momento ronda los 1.800 pesos- y las hamburguesas valen entre dos y tres d?lares – 5.400 pesos m?ximo -, los platos m?s elaborados no bajan de cinco d?lares – 9.000 pesos aproximadamente.?

El primer ?estrell?n? es el m?s fuerte
Quien viaje a los Estados Unidos pensando que se volver? rico de la noche a la ma?ana, se cae de la nube apenas se instala all? porque debe pasar pruebas de fuego que posiblemente en su casa no ten?a necesidad de soportar.

En medio de una helada primaveral – pero no por ello suave-, dormir en un apartamento pr?cticamente vac?o, sin calefacci?n ni cobijas es cosa de locos, pero son ?sorpresitas? que se llevan algunos estudiantes internacionales que conf?an plenamente en las agencias dedicadas a gestionar los llamados ?intercambios culturales?. Por la ilusi?n de conocer el pa?s de las pel?culas, los universitarios ingenuos se olvidan de constatar, desde antes, el estado de la vivienda que les corresponder?, los servicios y muebles disponibles en ella, ubicaci?n y transporte cercano.

La ?primiparada? de bienvenida en esas condiciones es mortal. Los dientes se mueven solos de un lado a otro, el cuerpo empieza a tiritar a las 3 de la ma?ana bajo una temperatura inferior a 6 grados cent?grados sin m?s abrigo que dos pantalones, tres buzos, tres pares de medias y la chaqueta de salir a la calle. Ante la imposibilidad de conciliar el sue?o en esa primera noche, la astucia del colombiano sale a flote: el ?reciclaje? del vecino se convierte en la salvaci?n de quien, despu?s de pasar horas sin con qu? arroparse, tiene hielo en los huesos.

Luego de dormir con papel peri?dico en un colch?n ?pelao?, sin posibilidad de comunicaci?n con el mundo exterior – sin televisor, tel?fono, computador o radio- la euforia inicial se apaga velozmente.
Catalina Mar?n Gonz?lez, estudiante de cuarto semestre de Ingenier?a de Mercados de la Universidad Aut?noma de Bucaramanga, quien estuvo dos meses de este a?o trabajando en en Hershey, Pensilvania, afirma: ?pens? que todo iba a ser de maravilla pero me di cuenta apenas llegamos a la casa que all? no ?ramos nadie. No ten?amos nada y deb?amos esforzarnos mucho para alcanzar a conseguir cualquier cosa. Me sent?a feliz pero a la vez como desarmada, sin cobijas, almohada, sin calefacci?n y muerta del fr?o?.Ir?nicamente, algunos universitarios sienten en carne propia, estando en el pa?s m?s poderoso del mundo, las necesidades que pasan d?a a d?a, miles de personas en Colombia.

?Mochiliando?
?Mi mam? dice que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes qu? te va a tocar?, cita constantemente Forrest Gump, el veterano de la guerra de Vietnam y antih?roe americano. Una frase que adopta como m?xima quien lleva el estandarte del ahorro en su cabeza, pues no contar con mucho dinero no implica quedarse encerrado lament?ndose de la falta de comodidades y de calor de hogar.

Para viajar s?lo hacen falta ganas: se disponen de miles de opciones para llegar al destino deseado, con la ayuda del ingenio y algo de Internet?- en las bibliotecas p?blicas es gratuito-.
A quienes consiguen irse ?de linche?, el transporte les sale pr?cticamente gratis, pero deben entregarse a la incertidumbre de no saber si van a regresar el d?a previsto. Aunque los estadounidenses son amables y generosos ? tratan al cliente como el que realmente tiene la raz?n, no les cuesta dar direcciones para orientar al perdido ni ?pegarles la acercadita? a los amigos que no tienen carro-, existe entre ellos el mito urbano de que, como en las pel?culas, quienes extienden su pulgar en plena carretera pueden ser desde ladrones hasta asesinos en serie.
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Sin embargo, cargar una mochila al hombro se convierte en una especie de ?pase? que si bien no consigue convencer al conductor de que se trata de un estudiante que s?lo quiere ahorrar, al menos genera un poco m?s de aceptaci?n hacia ?l. Pero esta salida no es la m?s conveniente para quienes piden d?as libres en el trabajo y deben volver en un d?a y hora espec?fica. A ra?z de lo anterior, invertir en transporte fijo como bus o tren asegura un retorno puntual y encamina el ahorro hacia la comida, transporte interno dentro de la ciudad adonde se vaya y hospedaje.

Los sitios tur?sticos m?s apetecidos son las grandes ciudades. Filadelfia, donde se firm? la independencia y George Washington se posesion? como primer presidente de los Estados Unidos; Nueva York, la capital del mundo, donde en cada esquina se habla espa?ol y el arte se percibe hasta en el metro; Washington D.C., ciudad de la Casa Blanca, el capitolio y los museos gratis? El apetito viajero se enciende al conocer la variedad cultural, art?stica y de entretenimiento que ofrecen las metr?polis de la globalizaci?n.

Aunque se puede pensar que la estancia en lugares como ?stos valdr?a un ojo de la cara, existen hostales donde la ?dormida? sale barata. Con un rango de entre 20 y 35 d?lares la noche ? 36.000 y 63.000 pesos aproximadamente-, los estudiantes aseguran la cama en cuartos comunitarios que, separados para hombres y para mujeres, cuentan con m?s de 10 camarotes cada uno ? dependiendo del hostal-. Dentro de ?ste, el ambiente es tan seguro que personas de todo el mundo acostumbran a dejar sus morrales al lado de las literas mientras pasan el d?a por fuera.

Entre tantas nacionalidades, los colombianos se reconocen f?cilmente: siempre buscan casilleros para dejar las maletas o en su defecto, alg?n tipo de protecci?n para ellas, ya sean candados, forros o alg?n escondite secreto. Lo anterior, simplemente para sentirse aliviados, porque en dichos lugares existe una cultura del respeto a la propiedad ajena y de fraternidad estudiantil que cualquier casa o residencia de estudiantes en Colombia envidiar?a.Cocinas donde cada cual prepara lo suyo, lava y deja sus implementos en estanter?as o en la nevera – marcados con su nombre y tiempo de estad?a-; salas de comida y de entretenimiento con tenis de mesa y sof?s situados alrededor del televisor, servicio de lavander?a, hasta proyecci?n de pel?culas gratis con crispetas para los hu?spedes en las noches? Bienestar comunitario que hacen preferir la estad?a all? a la de un apartamento privado y vac?o, en el que cualquiera se siente abandonado y a la deriva.

Si, a pesar de ser barato, la persona necesita quedarse una noche m?s y no tiene c?mo pagar, existen facilidades que parecen pensadas por gente que haya pasado por la misma situaci?n. Dependiendo del sitio de hospedaje, hay lugares donde se puede hacer un trato justo: a cambio de asear durante 4 ? 5 horas en la noche, la ?quedada? es ?gratis?. Un para?so para los j?venes ?pelaos?, con ansias de ampliar horizontes.?

Selvas de otra naturaleza
Aunque cuando se vive all? se tiene la impresi?n de que quien no tiene carro no es nadie, la cuesti?n cambia cuando se viaja a ciudades grandes. Entre edificios al lado de los cuales las personas parecen hormigas, pasan constantemente rutas de bus y metro. Pancartas del tama?o de elefantes, rugidos de carros y el trinar de uno que otro violinista de la calle, hacen del caminar una atracci?n m?s para el reci?n llegado.

All? los andenes amplios por fin le dan un espacio al peat?n y las bicicletas tambi?n representan un alivio para los excursionistas.
Con mapas a la mano y pidiendo orientaci?n a la gente que suele andar afanada, llegar adonde sea no es complicado.Almorzar fuera del hostal para hacer ?rendir? el viaje al m?ximo se convierte en pan de cada d?a y llevar un termo con alimentos o ir al McDonald?s, Wendy?s, Burguer King o cualquier restaurante de comida r?pida que se les asemeje, se hace esencial.

Tarifas estudiantiles en los museos, cupones de descuento que vienen en los peri?dicos gratis y por qu? no, tambi?n aquellos del directorio: todo sirve y todo se aprovecha en un lugar donde lo desechable se convierte en cuesti?n cultural.La prudencia en el gasto es requisito cuando lo que se gana es casi la mitad de lo que realmente se trabaj?. Con una renta excesivamente elevada e impuestos federales y estatales que se descuentan del cheque semanal o quincenal, buscar lo m?s barato resulta obligatorio para que no se descuadre ni un solo d?lar el presupuesto de mercado.
Mar?n Gonz?lez, por ejemplo, pag? 360 d?lares de arriendo cada mes durante su estad?a, es decir, 648.000 pesos aproximadamente por vivir con otras tres personas en un mismo apartamento.

La visa J-1 que se les da a los estudiantes para que puedan trabajar en los Estados Unidos no es la puerta de acceso para la diversi?n en vacaciones. Lo que hace valiosa la experiencia, aparte de la independencia, son esos ?dolorosos? que se reservan del cheque para los viajes ?mochileros?, los cuales rompen con la rutina del trabajo puramente operativo.
Despu?s de haber invertido 3.000 d?lares – 5 millones 400 mil pesos m?s o menos- y no haberlos recuperado luego de dos meses y dos semanas all?, visitar lugares sorprendentes al ojo humano ayudan a subsanar el ?golpe?. El malestar al hacer cuentas cada noche queda como una lecci?n para que los estudiantes no se aventuren sin primero estar bien informados.

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