Dos alemanes en El Bosque

Mar 21, 2012 | Institucional

Por Ricardo Jaramillo P.
Salta a la vista que son extranjeros; por su contextura física es evidente que practican deportes; sus caras y sonrisas demuestran su juventud. Pero lo que nadie imagina de Benedict y Ruth Joanna es que no están de paseo en Colombia, sino ‘comiendo libro’ para complementar su formación como médicos.

Este par de alemanes, Benedict Delf (24 años, nacido en Berlín) y Ruth Joanna Ditges (23 años, oriunda Friburgo), llegó el 24 de febrero a Bucaramanga para efectuar rotaciones clínicas en el Programa de Medicina de la Facultad de Ciencias de la Salud de la UNAB. Partirán a su patria a finales de abril próximo.

Ruth Joanna está a un paso de obtener su título, pues cursa duodécimo semestre en la Universidad Albert Ludwigs de su ciudad natal, mientras que a Benedict aún le queda camino por recorrer, ya que está en séptimo semestre en la Universidad Ludwig Maximiliams de Munich.

“En mi universidad no tenemos tantas prácticas como las tienen aquí, por eso, en mis vacaciones, siempre tengo que pasar un mes entero en la clínica practicando, y eso lo podemos hacer en cualquier hospital o clínica del mundo, y como ya había estado durante un semestre en Perú, me gustó mucho Latinoamérica y quería conocer otro país y por eso llegué a Colombia. Me gustó mucho la lengua española y cuando viví en el Perú la perfeccioné; además la gente es amable”, dice Benedict, quien siempre enfatiza sus conversaciones con una amplia sonrisa.

“Ellos provienen de fuentes diferentes pero llegaron al mismo tiempo a la UNAB”, explica la docente de Medicina, Laura del Pilar Cadena Afanador. “La llegada de Ruth fue gracias a la visita de William Omar Contreras quien a finales del año pasado estuvo en Bucaramanga y nos dijo que tenía una estudiante que era juiciosa y que iba a ingresar a internado y que la iba a proponer como candidata para que viniera a hacer dos meses de pasantía; por su parte, Benedict forma parte de la Federación Internacional de Estudiantes de Medicina, de la cual el Programa de Medicina de la UNAB es filial, que ofrece posibilidades de intercambio a bajo costo; aplicó y fue aceptado”.

Benedict, a todas luces más locuaz y ‘entrón’ que su compañera, afirma que nunca dudó en decir que sí a su viaje. “Lo que uno escucha de Colombia en mi país es lo que todo el mundo conoce: droga, violencia, guerrilla, paramilitares; hasta mis abuelos me dijeron que tuviera cuidado por los problemas del narcotráfico y los secuestros, pero también tengo un amigo que pasó cuatro meses en Colombia y su hermano trabajó con una institución de desarrollo alemana aquí, y ellos me dijeron que es un país chévere, tranquilo y no es peligroso como lo pintan”.

Los pasillos y quirófanos de la Fundación Oftalmológica de Santander (Foscal) y las batas blancas y trajes azules de los estudiantes UNAB han marcado sus días. Ellos no dudan al afirmar que la Medicina local es de alta calidad.

“El nivel de Medicina en la UNAB es alto; los estudiantes saben muchísimo y también tienen más conocimientos prácticos que nosotros”, afirma Ruth y Benedict la secunda: “Para mí fue un poco duro empezar porque se la pasan todo el día en la clínica y no tienen mucho tiempo de hacer otras cosas, en Alemania es más relajado; por otro lado tienen mucho contacto con la práctica, los seminarios en grupos pequeños son buenos, uno tiene contacto directo con los residentes y les puede preguntar lo que quiera, eso en mi país no sucede así”.

Aún no saben en qué se quieren especializar. Ruth se inclina por la Ginecología y la Dermatología,  mientras que Benedict lo hace por la Neurología y la Medicina Interna. Cuando se les pregunta si el viaje a Colombia valió la pena, Benedict contesta de inmediato: “Claro que sí; tengo que hacer mi internado en dos años y estoy pensando en hacer parte de esa práctica aquí; en Colombia es muy pesado, a los internos les toca trabajar seis o siete días a la semana y en horarios exigentes, pero el aprendizaje vale la pena”.

Afirman que no entienden por qué en este país hay contrastes tan marcados en su labor. “Aquí hay clínicas excelentes, con buena tecnología, pero otras (hospitales públicos) que no están bien equipadas; además, que la atención en salud no sea igual para todos, no se ve en Alemania. Otro aspecto es que los estudios de Medicina en Colombia cuestan muchísimo dinero, en Alemania la persona que tenga buenas notas en el colegio puede entrar a una universidad; aquí a los estudiantes no les queda tiempo para trabajar y no reciben pago por el internado, el año rural o por hacer una especialización, entonces si no tienen una familia que los sostenga, nunca van a estudiar Medicina”, dice Benedict.

En sus tiempos libres a Benedict le gusta escalar y actuar en un grupo de teatro al que pertenece; Ruth Joanna practica snowboarding (surf sobre nieve), toca flauta traversa y trabaja. Con la comida no han tenido problemas. “Hasta ahora no he probado la comida ‘rara’: hormigas ni el arroz con la sangre (morcillas o pepitoria), pero las cosas ricas o más o menos normales me gustan un montón, como las empanadas y las arepas”, dice Ruth Joanna, y Benedict entra a terciar: “Y la cerveza es buena, ¡cómo no voy a saber de eso!”

Otra cosa que los sorprende, es la adicción de los colombianos, especialmente los jóvenes, a los teléfonos inteligentes. “¡Es sorprendente, impresionante! -dice Benedict-, cada uno tiene un Blackberry, iPhone o iPad y en Alemania casi nadie de mis compañeros tiene; por ejemplo, yo tengo éste”, dice en medio de carcajadas mientras saca del bolsillo de su pantalón una ‘panela’ que al lado de los móviles de sus compañeros parece de la era jurásica y parte con su compañera a los compromisos académicos que tiene con la UNAB y la Foscal.

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