La Quebradaseca tiene más corriente que nunca

Oct 1, 2006 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Por Paula Alejandra Carrillo
pcarrillo2@unab.edu.co
La Quebradaseca, que en otro tiempo fuera una quebrada que en invierno crecía, tiene ahora un cauce mucho más denso. En ella, fluyen a borbotones los “pesos pesados” de la carretera: buses, busetas, camiones, volquetas y algunos carros.

Por ello, el aire está cargado de contaminación y se respira hasta la combustión de la gasolina, la quema del caucho y el “tierrero” que levantan las obras del Metrolínea.

Allí, los todopoderosos vehículos gigantes opacan a los peatones y, en algunos casos, les arrebatan los suspiros, dejando así la huella de la “estrella negra” en el hundido suelo.

Sí, hundido, porque el asfalto aún sube y baja en uno que otro tramo, debido a que, hace 60 años, la quebrada, que era el límite de la ciudad, se llenó con basuras no compactadas y se pavimentó. Por tal motivo, a pesar de que se han realizado varias obras para aplanarla, aún quedan rastros de la antigua corriente que pasaba por allí.

Como su mismo nombre indica, la Quebradaseca tiene fuertes contrastes: muchos carros – pocos peatones, negocios industriales – ventas ambulantes, policía – delito.

“¡A la orden el pincho, el perro, la empanada!”, grita la señora de traje blanco situada detrás del carrito “sanduchero”, al ritmo de vallenatos, cumbias y “reggaetones” que suenan en bares y talleres mecánicos de la zona.

Mientras tanto, los caminantes más humildes de la avenida, despiertan a su paso, diversas reacciones: lástima, compasión, desprecio, asco. El estigma se refuerza porque muchos de ellos consumen drogas, lo que parece quitarles la condición de personas.

Uno de ellos, Fabián Enrique, un reciclador bajito, barbudo y con una notoria llaga en el brazo derecho, conoce como la palma de la mano esta realidad. Según Fabián, "hay veces que uno dice no, hoy no voy a ‘soplar’ y sale usted y no consigue ni medio peso, ¡ni medio!; pero cuando dice a fumar, ahí sí consigue rapiditico y donde sea", continúa.

En el fluido constante de la quebrada, el pez gordo se come al chico. Según un comerciante de un negocio agropecuario del sector, que prefirió no revelar su nombre, “el vendedor de drogas que vive de los ñeros, dice que si quitan eso de ahí, le están quitando la comida y por eso, ¡no le hacen nada!”

No obstante, él mismo afirma: “Esto no es un antro, pero hay lunarcitos que dañan todo. La gente de Cabecera, por ejemplo, no baja por la seguridad, pero acá todo es más barato. Además, la mentalidad ha cambiado porque los comerciantes somos más unidos.

“Por eso pusimos altavoces a lo largo de la avenida, para avisarnos entre nosotros. De vez en cuando, dicen: “El tipo que va con tal pinta es un conocido ladrón que anda dando vueltas desde hace rato…” o “Hay un tipo en tal calle que se está bajando los pantalones, entonces eso nos ayuda a prevenirnos”.

Cambio y permanencia, otro contraste de esta congestionada vía citadina, también llamada Avenida 13 de junio, en memoria al día en que el General Gustavo Rojas Pinilla dio el golpe de Estado para llegar a la Presidencia de Colombia.

Pero esos cambios de nombre y permanencias de personajes a lo largo de su trayecto, posiblemente los “mastodontes” rodantes, en su carrera por llegar a tiempo, no los observarán.

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