No hay que ponerse los tenis sin tener pulmones

Nov 19, 2007 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Por Jorge Jim?nez

periodico15@unab.edu.co

Veinte minutos despu?s de que inici? la carrera, vi a Jos? Aristides Meneses pasar por mi derecha. Corr?a despacio. Vest?a pantaloneta y camisilla verde. Ten?a unos grandes anteojos y dec?a, con la voz entrecortada: "No se alejen mucho". Aristides fue una de las 20 mil 820 personas que particip? en el ? de Marat?n de Bucaramanga el pasado 4 de noviembre, y uno de los mil atletas de la categor?a ?lite. Con sus 69 a?os de edad, corri? sin ver la ruta, pues perdi? el 75 por ciento de su visi?n por causa de una trombosis ocular. Por eso ped?a a la gente que iba delante que no se alejara, porque para llegar a la meta, ten?a que ir detr?s de alguien; "me toca ir detr?s del bulto para guiarme, porque no veo nada y me da miedo perderme", dijo minutos antes de que comenz?ramos a correr.

Pero aunque hubiese sido una buena obra, no pod?a ser el lazarillo de aquel veterano atleta. No ten?a la preparaci?n f?sica ni psicol?gica para correr m?s r?pido que ?l. Ni siquiera al lado. Jam?s hab?a participado en una competencia de 10 kil?metros en la que estuviese codo a codo con atletas de Kenia, Etiop?a, Tanzania, Angola, Venezuela, Ecuador, Brasil y Colombia. Por eso, antes de las diez de la ma?ana, hora a la que inici? la competencia, hice un sondeo a mis contendientes con el ?nimo de ?prepararme? para que lo que ven?a. Aristides fue uno de los atletas que me aconsej? no correr ?a toda mecha? apenas dieran la orden de salir, porque de lo contrario no llegar?a a la meta.

El entrenamiento

La noche anterior a la carrera, en la tradicional comida de pastas que se hace previamente a ?sta, le pregunt? a Jacinto L?pez, atleta profesional y quien lleva 23 de sus 39 a?os corriendo, cu?l era la parte m?s dif?cil de una competencia, y contest? que lo m?s duro era el entrenamiento. Mientras L?pez, campe?n nacional, suramericano e iberoamericano, comentaba c?mo se hab?a preparado para la competencia, yo contrastaba los h?bitos de un deportista innato con los m?os, un universitario que sab?a de atletismo, lo que Michael Jackson puede saber de la m?sica de Pastor L?pez.

Para la competencia L?pez y yo, entrenamos diferente. Mientras ?l corr?a 5 horas al d?a; yo escasamente caminaba 30 minutos. Tambi?n asegur? que se dorm?a a las 10 de la noche para descansar 8 horas m?nimo y as? "recuperar energ?as"; por mi lado, trasnochaba hasta las 2 o 3 de la madrugada; perdiendo el tiempo en el "chat y otras pendejadas", como dijo el periodista Daniel Samper. L?pez consum?a alimentos ricos en potasio, calcio y sodio como el pescado, las frutas y las pastas; yo inger?a alg?n perro caliente, un pedazo de pizza o una hamburguesa, 5 cigarrillos al d?a y m?s de 10 cervezas semanales, cosas que L?pez dijo que jam?s hac?a.

Todas las ma?anas al salir el sol?

Era ver un ej?rcito de 20 mil personas que corr?a al mismo tiempo. La ciudad parec?a estar dormida. No hab?a carros y la gente era due?a de las calles. Dentro de aquella multitud s?lo se escuchaban dos cosas: un trote firme que sonaba como las botas de un pelot?n de soldados y la respiraci?n agitada de miles de personas. Inclusive, recuerdo que vi a 20 hombres de la Quinta Brigada del Ej?rcito calentando en la zona de la categor?a ?lite. Estaban uniformados con camisetas grises y pantalonetas negras. Jos? Bayona, el cabo al mando, asegur? haber entrenado a sus hombres trotando 2 horas diarias desde las 6 de la ma?ana.

Gente de todas las edades y g?nero decidi? ponerse los tenis: ancianos, ancianas, ni?os, ni?as, uno que otro amanerado y hasta 3 personas discapacitadas, en sus sillas de ruedas se animaron a participar en la jornada. Lo que distingu?a a los mil atletas ?lite del resto, era la distancia que se corr?a. Hubo dos rutas; una recreativa y otra competitiva. La primera, para los aficionados y colegios, de 5 kil?metros; y la segunda, en la que yo estaba, de 10, para ?los profesionales?. Sin embargo, no todos los atletas ?lite eran de esos que miden m?s de 1,75 metros, que tienen piernas como zancos, delgados y f?sicamente preparados. No, de esos hab?a tan s?lo unos 100, el resto, gente como yo, com?n y corriente. De estatura baja, piernas cortas, un poco de sobre peso y sin zapatillas ?aerodin?micas?.

En el lugar equivocado

Decir que corr? codo a codo con gente de otros pa?ses es algo presumido, pues la verdad es que a Reta Alene, de Etiop?a y quien gan? la carrera con un tiempo de 28 minutos con 33 segundos, s?lo lo vi en la l?nea de partida. Delgado, de piernas y brazos que med?an casi el doble de los m?os, con su cabeza rapada y una cadena de plata en el cuello que sujetaba con su mano derecha y besaba constantemente mientras esperaba la orden de salir. A Iv?n Urrutia, un bogotano que lleg? en s?ptimo lugar, tampoco volv? a ver desde que comenz? la carrera, pero lo entrevist? mientras calentaba. "Que no se te olvide respirar. Inhalas por la nariz, exhalas por la boca. Toma agua. Mucha agua", fueron sus consejos.

Estaba detr?s de la cinta. Al lado de Alene, Urrutia, Mutuai Kiprono (quien ocup? el segundo lugar y ven?a de Kenia) y William Naranjo, un paisa que lleg? de tercero. Se respiraba tensi?n. Todos daban peque?os brincos moviendo los hombros de adelante hacia atr?s. Se meneaban con ganas de dar la zancada inicial. Estaban ansiosos de salir, parec?an caballos de hip?dromo. Nerviosos, con la mirada en el hombre que con un disparo al aire dar?a comienzo a la carrera. Mientras tanto, otro organizador nos ped?a que nos ech?ramos "pa?atr?s", porque se estaban activando los chips que los ?lite ten?an en los zapatos para medir su tiempo.

Sent?a las plantas de los pies hirviendo y las rodillas a punto de quebrarse. Intentaba mantener el ritmo con el que hab?a comenzado, pero era imposible. Respiraba como Urrutia me hab?a dicho pero la visi?n comenzaba a nublarse y sent?a como si estuviese sordo. A?n as?, alcanzaba a escuchar los comentarios que hac?a la gente cuando uno pasaba: "?nimo chino, falta poco", me dijo una se?ora cuando iba por la carrera 33. M?s adelante, un se?or susurr?: "?ste no da m?s". Eso pens?, pero a lo hecho pecho y al mal trote le di prisa aumentando la velocidad.

El m?dico especialista en ortopedia y traumatolog?a deportiva, Jorge Mar?n, me hab?a explicado los s?ntomas que estaba presentando. Eso de casi no ver y perder la audici?n es lo que se conoce como ?la p?lida?, que es una ausencia de electrolitos que son los que hidratan el cuerpo, y esto se evita con una alimentaci?n rica en carbohidratos. Recuerdo que me dijo que los riesgos para un principiante correr esta distancia podr?an llegar hasta la hiponatremia, que es la p?rdida de la conciencia y problemas neurol?gicos por el choque de calor que produce un ritmo card?aco acelerado. Fue entonces cuando me acord? de la propaganda y acept? estar en el lugar equivocado.

Los aplausos

Antes de llegar a la meta, despu?s de 1 hora y 15 minutos, me alcanz? una se?ora de 69 a?os. Fue por el Bulevar Santander por donde conoc? a Lina Arboleda, atleta de Bello, Antioquia. Ten?a casi tres veces mi edad y llev?bamos el mismo ritmo. Corrimos un rato juntos y aprovech? para ?entrevistarla? pero no hablaba mucho, ella "no se olvidaba de respirar". Cuando pas?bamos los dos al mismo comp?s por donde hab?a gente, enseguida aplaud?an, y dec?an: "?Vamos abuelita!" "?Usted Puede!". Esos fueron los ?nicos aplausos que escuch? a mi paso, y a pesar de que no eran para m?, me dieron ?nimo para dejar atr?s a Lina, pasarme al General Jos? Joaqu?n Cort?s, comandante de la Quinta Brigada del Ej?rcito y quien corri? en homenaje al desaparecido Mart?n Orlando Carre?o. Despu?s cruc? la l?nea de llegada. Me dieron una bolsa de agua y me tend? en el cemento a respirar un rato. Lo hab?a logrado. Llegu?. ?En qu? puesto? No me interes? saber, pero llegu?. Ese domingo no me gan? el Chevrolet 0 kil?metros que se llev? Alene, ni los 5 millones de Kiprono, simplemente aprend? que no hay que ponerse los tenis sin antes ?tener pulmones?.

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