Sin miedo, Óscar Fernando se fue a hacer la práctica a China

Ago 13, 2007 | Institucional

Cuando en mayo de 2006 Vivir la UNAB reveló el acuerdo firmado entre la Cámara de Comercio Colombo-China y la UNAB, que permitiría –entre otros aspectos– que estudiantes locales fueran de intercambio al Lejano Oriente, no faltaron las expresiones de escepticismo y los mensajes que llegaban a esta redacción afirmando que no era más que un sueño.

Con una visa americana que le llegó el día anterior, el jueves 26 de julio tomó un avión que lo llevó de Bucaramanga a Bogotá, luego conexión a Houston (Texas), de ahí a San Francisco (California) y finalmente a Shanghái. Más de 20 horas subido en un aparato para poder cruzar el Océano Pacífico e ir a ponerle la cara al país más habitado del planeta, donde todos –aparentemente– tienen los mismos rasgos. El costo: 4,7 millones de pesos subsidiados por sus padres, sin contar con los trámites de visas.

Gómez Rangel se enteró de la oportunidad a través de la Oficina de Relaciones Internacionales de la UNAB y durante los próximos seis meses se dedicará a crear lazos de comercio entre Colombia y China, especialmente entre las pequeñas y medianas empresas del departamento de Santander.

“Las ventajas en precios que puede ofrecer China y la creciente calidad de sus productos nos pueden ayudar a mejorar la productividad de las empresas colombianas. No tanto importar productos para vender, sino traer maquinaria y bienes de capital que permitan mejorar los procesos internos dentro de las empresas santandereanas”, dice.

Y complementa: “La oportunidad de conocer otra cultura, de experimentar otras cosas, le abre los ojos a uno hacia el mundo globalizado. No podemos quedarnos en esta meseta y esperar que eso sea el mundo, que es más amplio. Por eso debemos abrir los ojos y ser un poco más ambiciosos hacia lo que es la economía mundial”.

Óscar Fernando se considera seguro no sólo por saber qué es vivir por fuera de la casa y haber estado en otros países, sino porque está dispuesto a adaptarse y, sobre todo, sus ganas de trabajo y “dedicarle bastante tiempo a hacer lo que se debe hacer y más”.

La imagen que tenía de China, antes de partir, es la de un país con altos índices de crecimiento y muchas oportunidades, que según dicen los entendidos será la gran potencia mundial en el siglo XXI, así en Occidente y en especial en Estados Unidos se le mire con recelo porque en esas distantes latitudes el Estado no garantiza los Derechos Humanos.

“China es el país del futuro”, asegura Óscar Fernando, quien más que nervios lo que sentía en los días previos a su viaje era inquietud por el cambio cultural, la forma de interactuar con las personas y el tipo de comida.

“No sé si vaya a encontrar en los supermercados arepa y tamales, pero no creo que me vayan a hacer falta”, dice en castellano, a sabiendas de que también tendrá que meter en el congelador su idioma materno, porque su práctica será totalmente en idioma inglés. “Sin embargo la idea es aprender chino-mandarín”, agrega.

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