Un trabajo para pocos

Mar 31, 2008 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Por ?lvaro Lesmes
alesmes2@unab.edu.co

A las cuatro de la ma?ana se despierta Carlos Fernando Benavides, alista un par de libros de econom?a y contabilidad, guarda en su memoria USB algunos dise?os publicitarios que hizo la noche anterior, se ba?a, desayuna y sale de su casa, que queda en una de las fincas a las afueras del municipio de Floridablanca.

Su transporte lo lleva hasta el centro de Bucaramanga, y a eso de las seis de la ma?ana llega al frente del edificio de Coltabaco, ubicado en la Carrera 19 # 34-64. En estos cinco pisos forrados en m?rmol y madera se encuentran 16 oficinas, las cuales se reparten abogados, ingenieros y una de las empresas de transporte p?blico m?s grande de la ciudad.

Carlos mira la fachada, respira hondo y exhala lentamente, sabe que s?lo en ocho horas podr? volver a sentir el viento, los espacios abiertos y el traj?n de la calle. Sube las escaleras, atraviesa la puerta de vidrio, se desplaza por un amplio pasillo y llega hasta su sitio de trabajo, el cual a?n conserva su toque antiguo, pero lujoso, decorado con una gruesa alfombra y paredes forradas en una madera fina y resistente. Se trata de un ascensor marca Otis, el primero que se instal? en la ciudad hace 50 a?os.

Carlos es ascensorista desde hace siete meses y antes se desempe?aba como guarda de seguridad en diferentes bancos de la ciudad, pero tras sufrir un accidente en su moto que le dej? siete fracturas en su brazo derecho no pudo seguir desempe?ando ese trabajo. ?l asegura que aunque la labor a veces es dura fue una oportunidad como ca?da del cielo.

Lo que m?s le gusta es el trato con el p?blico, aprender algo de los que suben y bajan, bromear con los m?s cercanos y hasta poner en su sitio a los que lo miran por encima del hombro. ?Es que algunas personas entre m?s estudio tienen se vuelven como m?s maleducadas?, dice con iron?a. ?Lo ven a uno en este trabajo y de una vez se imaginan a alguien inferior a ellos?, concluye.

Benavides comparte su labor de ascensorista, en la que gana el salario m?nimo, con la de dise?ador de avisos en acr?lico, los cuales sirven de presentaci?n en las puertas de las oficinas de abogados, odont?logos, sic?logos y dem?s profesionales; tambi?n realiza pendones y cuanta ?barbacha?, seg?n ?l, le salga, tiempo que comparte con el estudio. Actualmente cursa quinto semestre de Administraci?n de empresas -a distancia- en la Universidad Industrial de Santander, y tiene claro que cuando sea un profesional va a tratar a todos por igual.

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Uno para todos

Junto a Carlos, quien es el ascensorista m?s joven del edificio, trabajan Manuel Absdel Ochoa y Hern?n Blanco D?az. Manuel lleva diez a?os en la labor y se siente orgulloso. Se describe como un privilegiado por estar en este ascensor que, seg?n ?l, es un monumento y con una sonrisa que llena su rostro recuerda c?mo los j?venes atareados con sus ipod o mp3 quedan maravillados cuando suben a la ?m?quina del tiempo?, como la han llamado muchos. ?Se expresan con la curiosidad como de quien llega a otro mundo, y empiezan las preguntas?, dice Manuel. ??Que cu?ntas veces subo y bajo al d?a? ?Que si me mareo? ?Que para qu? sirve esa palanca? ?Que c?mo hago para saber de cu?l piso me llaman? Y muchas m?s?. Todas las responde, menos la de cu?ntas veces sube y baja, pues jam?s se ha tomado la tarea de contarlas.

La misma sensaci?n de curiosidad provoc? este ascensor en el a?o 58, cuando por primera vez hubo uno en Bucaramanga. Se hac?an filas para conocerlo, y la gente entraba al edificio con la ?nica excusa de ver si en realidad funcionaba. Hern?n Blanco, quien tiene 43 a?os, de los cuales le ha dedicado 16 a este oficio, dice que le hubiera gustado ser ascensorista en esa ?poca: ?es que la educaci?n de antes es mejor que la de ahora?, argumenta. Blanco ha visto c?mo muchos de sus compa?eros han llegado y se han ido porque no se acostumbran a la rutina, otros porque no les gusta el trabajo con la gente y algunos por motivos de salud. ?Este es un trabajo para pocos?, afirma, y tiene raz?n, aunque en Bucaramanga cada edificio con m?s de cinco pisos cuenta con un ascensor s?lo hay ocho ascensoristas, tres en el Edificio Coltabaco, tres en el Edificio Turbay, uno en la C?mara de Comercio y uno en la Universidad Cooperativa de Colombia. Hern?n est? convencido de que su labor es indispensable y cree que los ascensores modernos no se comparan con el que ?l maneja: ?Seguridad, atenci?n y confianza? son sus argumentos.?

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Todo es cuesti?n de costumbre

?Recuerdo cuando yo era ni?o y ven?a aqu? con mis pap?s de paseo?, esta es una de las frases que m?s ha escuchado Manuel de parte de los m?s de 80 pensionados de Coltabaco que a fin de mes abarrotan el edificio en busca de sus cheques. ?Si los j?venes sienten curiosidad, estos se?ores sienten nostalgia, alegr?a y lo demuestran cont?ndome las historias de esa ?poca, por eso yo digo que es un privilegio este trabajo?, agrega.

?Manuel me dicen todos mis amigos, pero en mi familia me llaman Absdel, es un nombre ?rabe y no s? por qu? me lo pusieron, yo soy de Saravena, Arauca. Llegu? a la ciudad en 1989 y en 1998 empec? a trabajar aqu?, por eso me siento m?s santandereano que otra cosa. Al principio fue muy duro, pero hoy no puedo estar tranquilo lejos de este ascensor. Cuando salgo a vacaciones, que son 15 d?as, siempre me acerco a hacerle charla a los compa?eros. Dicen que uno es un animal de costumbres y yo termin? acostumbr?ndome a este lugar. Me gusta mucho este trabajo?.? El testimonio de Absdel es ver?dico, recibe a las personas con diplomacia y un tono de voz tan grave y melodiosa que envidiar?a cualquier locutor experimentado de la ciudad. Tiene carisma y su instinto de protecci?n aflora cuando sube un ni?o o una persona que demuestre alguna carencia f?sica.

?La gente se sorprende cuando ve el ascensor y siempre me preguntan que si ha ocurrido alg?n accidente?, dice por su parte Hern?n, ?la respuesta es no?. Esto se debe a que se toman muchas precauciones, como el mantenimiento constante, que se hace todos los meses; y aunque la capacidad del ascensor es de 900 kilos, unas 11 personas, s?lo se le suben 480 kilos, que son seis personas con el operario incluido.

Los ?nicos incidentes que se han presentado es cuando hay cortes de luz en la zona, asegura Blanco: ?la m?quina una vez se me qued? entre el tercero y cuarto piso, completamente a oscuras y con el cupo lleno, en ese momento es cuando le doy importancia a la labor del ascensorista, porque uno calma a la gente y ellos se sienten apoyados por uno, recomiendo que todos los equipos modernos tengan su ascensorista, porque as? no todo el mundo le mete la mano y uno lo cuida para que no lo? rayen y no se le monten m?s personas de lo permitido?, concluye.

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