Una religión llamada fútbol

Jul 15, 2005 | Facultad de Ciencias Sociales, Humanidades y Artes

Por Brenda Paola Rueda
periodico15@unab.edu.co
En su habitación prima un solo color. Las paredes pintadas a cuadros
verdes y blancos muestran la bandera del equipo campeón de Colombia,
igual que las sábanas, las camisetas, la toalla, el maletín, la
agenda, el tapete y cientos de cosas alusivas al Atlético Nacional. Todo
eso tiene la ‘habitación verde’de un joven apasionado por
su equipo del alma.

Saltando, gritando y con sus manos dirigiendo a los integrantes de la barra,
pasa los 90 minutos de partido. A la alegría se suman los sonidos de
los bombos, pitos, papelitos de colores y rollos de serpentina que el viento
eleva y manda al campo de juego.

Su arma es la camiseta ‘verdolaga’ que le inspira amor y orgullo,
le da cada día el ‘aguante’ para cantar “dale, dale
verde, no le falles a tu gente / dale, dale verde, vamos campeón / toda
tu fiel hinchada hoy ha venido a verte / te vino a dar el corazón”.
Quien corea este estribillo es Nano, estudiante de último semestre de
Contaduría Pública de las Unidades Tecnológicas de Santander,
que apoya en cada encuentro a su equipo verde.

“Los del Sur Bucaramanga somos la barra popular que le da fuerza y apoyo
al equipo en los momentos de calma y de gloria, somos la familia de la institución
‘verdolaga’ y siempre estamos presentes en todas partes”,
expresa Nano, quien deja claro que el ‘parche’ del Nacional no es
una barra brava.

Fanáticos como él hay bastantes en esta ciudad, seguidores de
todas las escuadras profesionales. Para ser integrante de una barra sólo
hay que tener amor y ‘aguante’ por el equipo y, como mínimo,
conseguir la camiseta para identificarse ante los demás. El resto surge
de las reuniones que se hacen en parques, conjuntos cerrados o espacios al aire
libre para acordar viajes, rifas, responsabilidades de cada integrante y hasta
juzgarse entre ellos mismos por el mal comportamiento en algún lugar
o cuando se han formado peleas y enfrentamientos.

Barras como la del Nacional cuentan con sus propias tiendas donde venden todas
las cosas como las que Nano guarda en su habitación. Algunas, además
de tener su sitio web y asociaciones, hacen otras actividades. La barra Los
del Sur, por ejemplo, recoge por medio de los comités ropa usada para
regalar en Floridablanca y Girón en zonas de invasión y celebra
fiestas como el Día del Niño.

Lo que todas tienen en común son sus propias tonadas y canciones para
el momento clave del partido. Disturbio Rojo de Bucaramanga, que sufre por el
América de Cali, expresa todo el sentimiento por su equipo cantando:
“Yo soy feliz gritando que te quiero / voy a morir / hay una cosa que
sólo le pido a Dios / que el rojo vaya conmigo hasta el cajón
/ y vayas a donde vayas yo voy con vos / gallina la puta madre que te parió”.

El ‘Chivo’, otro universitario hincha del América y quien
ha pertenecido a la barra desde su fundación, dice que su ‘mechita’
(el equipo) es su única religión y corriente política que
lo llena de alegría con sus triunfos y lo hace querer cada día
más, aunque tenga derrotas.

Para un barrista (integrante de una barra) un viaje a otra ciudad se negocia
con la boleta incluida dependiendo del sitio y la cantidad de miembros que vayan.
El costo fluctúa entre 40 y 70 mil pesos por solo ver el partido pues
ni siquiera se hospedan en un hotel, sino que tan pronto acaba el juego se devuelven.

Dentro y fuera de los estadios las barras protegen casi con su vida sus trapos
(pancartas de tela), bombos, banderas, camisetas o insignias que se han convertido,
para la mayoría de ellos, en su responsabilidad a la hora del juego,
ya que en medio del desorden y las peleas pueden ser obtenidos por otras barras
y ser exhibidos como trofeos en sus páginas de Internet u otros encuentros
deportivos.

Disturbios y combates
“A todo clásico se va es a pelear. Es inevitable que uno no sienta
esa rivalidad en la sangre y más con el Santa Fe. La barra siempre tiene
el aguante para defender con todo la camiseta y hay que estar luchando con los
jugadores”, dice Ferreira, hincha de La Guardia Albirroja Sur de Bucaramanga
mientras se pone al revés su camiseta del Santa Fe, en protesta y simbolismo
por la muerte el 11 de mayo de Édison Andrés Garzón, hincha
santafereño en el estadio El Campín, de Bogotá.

La Fortaleza Leoparda Sur, la barra del Atlético Bucaramanga, tiene
pocos enfrentamientos con sus barras rivales en relación con lo que pasa
en ciudades como Bogotá o Medellín. Esta hinchada se divide en
‘parches’ como los Killers, Campo Real, Capuletos, Condado y Murgueros,
entre otros, que se unen en la parte alta de la tribuna sur del estadio Alfonso
López para alentar a su equipo.

“Señores yo soy Leopardo y tengo aguante / yo sigo a Bucaramanga
por todas partes / porque es un sentimiento que se lleva en el corazón
/ yo daría toda mi vida por ser campeón / dale Leopardos, dale
Leopardos, dale Leopardos…”, cantan mientras suenan los bombos.

Para Fabio Andrés, uno de los integrantes del ‘parche’ de
Real de Minas, pertenecer a la barra le ha traído problemas con su familia
por las riñas que ha presenciado y aunque últimamente no asiste
a las reuniones esto no es excusa para faltar estadio.

“En los partidos se ve de todo: insultos, peleas y no falta quien llegue
ebrio o con su dosis de marihuana, pero cada quien respeta esas cosas, para
eso se está en la barra. La Fortaleza no tiene la idea de la violencia,
pero sí somos de las bravas”, afirma Fabio Andrés, integrante
desde hace tres años.

Verdolagas, leopardos, diablos del América o santafereños concuerdan
en que, así ganen o pierdan sus equipos, sacarán el ‘aguante’,
el corazón y la voz para defender a su equipo en el terreno de juego
y en las tribunas cada que los jugadores salten a la cancha.

La jerga de la tribuna

Aguante: Coraje, valor.
Anfetamina: Fármaco estimulante que produce euforia
y disminuye la fatiga.
Barrista: Integrante de una barra.
Bombo: Tambor que es símbolo de las barras y que sirve
para ubicar a los barristas sobre lo que se debe hacer.
Bufón: Gorro para la cabeza.
Fortines: Barras del Bucaramanga.
Funebreros: Como llaman en Bucaramanga a los integrantes de
la barra del América.
Gallinas: Como les dicen en Bucaramanga a los integrantes de
la barra del Millonarios.
Garzas: Apelativo en Bucaramanga para los miembros de la barra
del Santa Fe.
Hooligan: Persona que actúa violentamente.
Hulligans: Primeras barras bravas inglesas, reconocidas por
sus atrocidades y disturbios.
Parches: Grupos de hinchas.
Pin: Escudo en metal de un equipo.
Sureños: Integrantes de la barra del Nacional en Bucaramanga.
Trapos o chiros: Pancartas de tela. Pueden costar de 30 mil
a 100 mil pesos en adelante.
Un mug lleno: Vaso de losa con el escudo del equipo que contiene
licor.

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